La palabra cortisol en el contexto de las finanzas es un fenómeno que, si bien en estos últimos años está de moda, es algo que se ha vivido durante ya poco más de 94 años de manera documentada con las crisis financieras.
En la gran depresión de 1929 la tasa de suicidio llegó hasta el 17.4% por cada mil habitantes en Estados Unidos, hoy, después de años de investigación neurológica se han encontrado diversas causas de este fenómeno, una de ellas es el “estrés financiero”; esto tiene sentido y aún más en la sociedad en la que vivimos actualmente, llena de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad.
Tenemos que empezar por entender al cortisol; imaginemos que de repente suena la alerta sísmica en la Ciudad de México, el ruido inunda nuestros oídos y en segundos estamos en un modo alerta, listos para evacuar y aún no hemos comprobado si realmente está temblando.
Lo que sucede en nuestro organismo, es que, al entrar en ese modo alerta, el hipotálamo, que se ubica en nuestro cerebro, produce señales que viajan a las glándulas suprarrenales y éstas segregan dos hormonas: adrenalina y cortisol, las cuales nos dan ese instinto de supervivencia, manteniéndonos a salvo, pero qué pasa si la sensación de peligro es prolongada, ya sea por frustración, miedo o preocupaciones, nuestro cuerpo se empieza a intoxicar con el exceso de cortisol segregado.
Lo anterior tiene varias consecuencias, que van desde taquicardia, pérdida de apetito, tensión arterial alta, inhibe la secreción de insulina provocando diabetes, afecta ciclos hormonales en mujeres y disfunción eréctil en hombres, envejecimiento prematuro, debilitamiento del sistema inmunológico y deficiencia de vitamina D, la principal causa de la depresión.
Entonces, ¿cómo se relaciona esto con mis finanzas personales y la famosa salud financiera?, considerando que acabamos de salir de una crisis sanitaria por Covid-19, la cual trajo escasez, inflación y altas tasas de desempleo, esta época se caracteriza por un incremento de gastos desmedidos y se ve acentuado por temporadas como navidad, año nuevo y pago de utilidades, donde no medimos las consecuencias.
Para disminuir la ansiedad que nos provoca el pensar quedarnos sin dinero para pagar nuestros compromisos, o que simplemente no nos dará tiempo para trabajar lo suficiente, conocido como la mercantilización del tiempo, tenemos que considerar que el tiempo es democrático y cada uno de nosotros es responsable de cómo lo percibe; por lo tanto, lo primero que tenemos que hacer es planear, basándonos en que “el orden es el placer de la razón”.
Necesitamos tener organización en nuestra vida y en nuestros pensamientos, así como aprender realmente que el arte de descansar es el arte de trabajar; de esta manera empezarán a fluir las ideas creativas de generación de recursos monetarios, seguido de la generación de presupuestos del capital en general, para saber cómo se va a distribuir.
El segundo paso es reconocer que tenemos la idea de que ser completamente controladores y perfeccionistas nos va a dar la seguridad económica que necesitamos para sobrevivir; al contrario, esto sólo limita nuestra capacidad de innovación ante los retos económicos que nos pone la vida.
Y si fuiste observador, te diste cuenta que cambié la palabra “problema” por “reto”; esto alude a educar nuestra programación lingüística para la salud financiera, porque en lugar de preocuparnos vamos a ocuparnos en resolver, de esta manera podemos definir nuestras prioridades, limitar nuestros gastos hormiga para vivir en la realidad y en el presente, siendo objetivos con los ingresos que tenemos, para tomar decisiones acertadas.
El tercer paso, si bien mencioné que es descansar o “aprender a no hacer nada”, es indispensable, se debe hacer con conciencia y sin perder de vista nuestro proyecto de vida y metas personales. Descansar contrarresta los efectos del famoso burnout que nos obliga a caer en el mito que debemos ser personas multitareas para convertirnos en personas altamente productivas y que, a mayor cantidad de horas trabajadas, mayor cantidad de dinero.
Por último, se recomienda destinar un porcentaje aproximado del 10% de nuestros ingresos al ahorro e inversión, sé que muchas veces no es posible llegar a ese porcentaje, pero con empezarlo a hacer es suficiente para tener esa seguridad que yo llamaría libertad de movimiento financiero.
Y para concluir, cambiar la obligación por la pasión, cuando algo nos apasiona se generan impulsos nerviosos positivos que crean nuevas conexiones neuronales las cuales nos dan la capacidad de tener mayor estabilidad financiera de modo sustentable a lo largo de nuestra vida.
Por. Pamela Serrano, docente de la Escuela Bancaria y Comercial Campus Ciudad de México y experta en finanzas.