El próximo año, los retos para México serán una combinación de factores económicos y políticos que conllevan riesgos tanto internos y externos, mismos que, sin duda, tendrán un impacto a nivel estructural en nuestro país en el corto y mediano plazo.
Si empezamos por la parte financiera, nuestras estimaciones preliminares de las principales variables económicas nos hacen suponer que tendremos un buen desempeño por el lado del crecimiento económico. Estimamos que el crecimiento del PIBEl Producto Interno Bruto representa el valor total de todos los bienes y servicios finales producid... Más cerrará cerca del 3.42%, lo que, incluso dependiendo de los últimos datos al cierre del año podría llegar a ser ligeramente superior, dependiendo del crecimiento nacional en todos los sectores, el cual sería acentuado por ciertos fenómenos particulares como la relocalización (nearshoring) y la intensa inversión física, producto de los proyectos estratégicos del Gobierno Federal. Para 2024, estimamos que seguirá una tendencia positiva, pero con una desaceleración natural, con un crecimiento estimado de ~2.8% real
La inflación al cierre del periodo, estimamos cerrará en alrededor del 4.60% para el cierre de 2023 y de 4% para este 2024. Si bien mostró una resistencia durante un periodo más prolongado a lo esperado, finalmente ya hay una tendencia más clara para alcanzar el objetivo del banco central, lo que abriría la puerta a, finalmente, una reducción en la tasa de política monetaria, probablemente en el primer semestre del próximo año.
Un aspecto que seguramente recibirá mucha atención desde el punto de la calidad crediticia para el soberano será observar qué tanto se desvía de las estimaciones debido a la aprobación de la ley de ingresos y el presupuesto de egresos. Hay dos resultados que, dependiendo de su evolución, pudieran o no presionar los resultados y perspectivas de la calificación.
El primero de ellos sería el déficit en el balance primario, que podría alcanzar, de acuerdo con estos documentos, un nivel de -4.9%; este resultado sería uno de los más altos de los últimos años y sería financiado en gran parte con endeudamiento. Gran parte de la lógica de este resultado es apostar por concluir los proyectos estratégicos de esta administración, para así permitir un mejor margen de maniobra en términos de planeación a la siguiente administración. Sin embargo, también hay ciertos rubros de gasto, particularmente de lado del tipo social, que harían que el margen de maniobra se reduzca y los cuales están muy relacionados a pensiones del tipo no contributivas y universales, que por su naturaleza, constituirán una carga fiscal muy importante en el corto-mediano plazo.
El segundo resultado será por un resultado directo del endeudamiento relativo como porcentaje del PIB, el cual se estima que alcanzará el 48%. Si bien no es una métrica que no se haya visto en la historia reciente, sí es la más alta registrada durante este sexenio, donde una de sus consignas más sostenidas fue la de no adquirir y disminuir el endeudamiento, lo cual se había cumplido inclusive en los momentos más álgidos de la pandemia.
El aspecto quizás más importante desde el punto de vista del análisis y riesgo crediticio es ver qué tan estructurales son estos dos resultados, es decir, si el déficit será pagado con endeudamiento, lo que derivará efectivamente en un evento extraordinario o bien, si existen mayores presiones en el gasto, ahora sí podría haber un impacto directo en el resultado de la calificación de México.
Dentro de los retos de corto-mediano plazo que seguirán siendo temas de discusión en la agenda, estará la necesidad de una reforma fiscal que permita mayores recursos al soberano; un planteamiento que ya se prometía a la mitad del sexenio y que la pandemia volvió infactible.
El apoyo del gobierno central a PEMEX también será un aspecto para monitorear, ya que si bien se aprobó una menor carga fiscal a través de un menor derecho de utilidad compartida (DUC), los vencimientos de corto y largo plazo, así como los mayores recursos de capital, seguirán requiriendo recursos fiscales ordinarios y transferencias directas.
El costo de las pensiones tanto contributivas como no contributivas en el mediano plazo se convertirán también en uno de los aspectos fiscales que ameritarán una reflexión importante, particularmente si estas últimas, al haberse implementado con características universales, no distinguen si el beneficiario las necesita o no, o si tienen cobertura pensionaria por algún otro sistema, lo cual si bien ayuda de manera importante a un sector de la población, el costo fiscal de su instrumentación a largo plazo provocará de manera ineludible una presión fiscal importante.
A nivel político, este también será un año de definiciones; se elegirá un presidente de la República, 500 diputados y 128 senadores, ocho gobernadores; además, congresos locales en todo el país, ayuntamientos, juntas municipales y alcaldías en la CDMX. Todo esto suma un aproximado de 19,000 cargos a elegirse. Una cifra nada despreciable.
No apreciamos un riesgo sistémico por las elecciones per se, aunque sí definirán, dependiendo del ganador, si transitaremos por el mismo tipo de políticas públicas de la actual administración o bien, de haber una alternancia, si habrá un cambio o ajuste de estas, lo cual sí podría llegar a tener una incidencia en la trayectoria de ciertas variables económicas como, por ejemplo, el endeudamiento.
A nivel subnacional, se elegirán nueve gobernadores, de los cuales seis pertenecen al partido oficial y serán evaluados por primera vez por sus electores. Otro aspecto que resaltar es la elección de los congresos locales, los cuales podría abrir la posibilidad de una mayoría absoluta, los cuales podrían facilitar las propuestas del ejecutivo en términos de cambios constitucionales.
No habrá que olvidar también los riesgos exógenos a los que cualquier economía abierta está expuesta, particularmente los riesgos de tipo geopolítico. Considero que los más importantes para México son el escalamiento o recrudecimiento de los conflictos bélicos, como la guerra entre Ucrania y Rusia o la de Israel y Palestina. También habrá que considerar los efectos de la elección en EU y la incidencia que podría traer a nivel político y económico.
En general, el próximo año será un año de definiciones en muchos aspectos; la ventaja es que, quizás, todavía nos acompañe cierta inercia económica, que siempre resulta ser favorable.