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Riesgos económicos para 2022

De acuerdo con el reporte Perspectivas de la Economía Mundial, que publicó esta semana el Fondo Monetario Internacional (FMI), la guerra en Ucrania ha exacerbado dos dilemas políticos difíciles que ya enfrentaba antes de su estallido. Uno es salvaguardar la recuperación económica y el otro es implementar medidas para reducir la inflación.

De acuerdo con las estimaciones del organismo, el PIB mundial se desacelerará bruscamente, pues, después de haberse expandido 6.1% en 2021, presentará un avance de solo 3.6% en 2022 y en 2023, en lugar de 4.4% y 3.8% respectivamente, como lo preveía en enero. La revisión a la baja se debe principalmente al impacto negativo del conflicto bélico en Europa del Este, el cual surgió en medio de un escenario deteriorado por la pandemia que ya había distorsionado el funcionamiento de las cadenas mundiales de suministro. Aunque el principal impacto económico de este evento se dará en Ucrania y Rusia, pues se estima que el PIB del primero caerá 33.0% y del segundo 8.5% en 2022, habrá efectos indirectos en todo el mundo, a través de los mercados de materias primas, el comercio internacional y los canales financieros. Con ello se estima que, el empleo y la producción, se mantendrán por debajo de las tendencias previas a la pandemia hasta 2026 de forma generalizada.

Los riesgos a la baja para la perspectiva global son: i) un posible empeoramiento de la guerra; ii) una escalada de las sanciones contra Rusia; iii) una desaceleración más aguda de lo anticipado en China a medida que el gobierno mantiene su política de cero-COVID; y, iv) un nuevo estallido de la pandemia si surgiera una nueva cepa de virus más virulenta.

Por otra parte, para 2022 el FMI proyecta una inflación de 5.7% en las economías avanzadas y de 8.7% en las economías de mercados emergentes, esto es 1.8 y 2.8 puntos porcentuales más que lo proyectado en enero. El organismo destaca que el empeoramiento de los desequilibrios entre la oferta y la demanda, incluidos los derivados de la guerra, y los aumentos adicionales en los precios de las materias primas podrían conducir a una inflación persistentemente alta, mayores expectativas de inflación y un mayor crecimiento de los salarios, lo que tardaría varios años en corregirse. Para evitar que ello ocurra, recomienda que los bancos centrales implementen una política monetaria más restrictiva y que continúen comunicando claramente las perspectivas de inflación de largo plazo para que estas permanezcan ancladas. 

La economía mexicana no estará exenta de estas complicaciones. Por ello, tanto el PIB de 2022 como de 2023, se revisaron a la baja, desde 2.8% a 2.0% y desde 2.7% a 2.5%, en el mismo orden. Aunque el primero se encuentra casi en línea con la proyección del consenso del mercado, el segundo es más optimista, pues la mediana de las estimaciones de los analistas se ubica en 2.0%. El recorte obedece principalmente a un menor crecimiento esperado del PIB de EE.UU., que podría reducir las exportaciones de nuestro país, y al impacto negativo de la inflación en el consumo. Sobre la inflación, el FMI prevé que cerrará en 5.9% y 3.4% en 2022 y 2023, respectivamente.

Si bien, este escenario ya contempla varios de los factores que no se vislumbraban en enero, cuando se publicó el reporte anterior, está sujeto a cambios si es que alguno de los supuestos establecidos no se cumple. Entre los principales se encuentran la extensión del conflicto a territorios fuera de Ucrania, las sanciones al sector energético de Rusia y un deterioro de la pandemia.

Por: Janneth Quiroz, Subdirectora de Análisis Económico de Grupo Financiero Monex 

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