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¿Qué es una wallet?

Una pregunta recurrente al iniciar en el mundo de los criptoactivos o criptomonedas es: ¿Cuál wallet debo utilizar para almacenar mis criptoactivos? Sin embargo, antes de responder a esta interrogante inicialmente debemos aclarar que las criptomonedas no son almacenadas en una wallet, en realidad se almacenan en las cadenas de bloques de los diferentes proyectos criptográficos, el lugar en donde se almacena la información que respalda la tenencia de estos activos digitales en forma segura y descentralizada.

Una wallet de una cadena de bloques, es la herramienta digital utilizada que nos permite identificarnos como los dueños verdaderos de nuestras criptomonedas. En una definición más formal, una wallet o billetera digital podría definirse como:

Un software que almacena las llaves digitales (públicas y/o privadas) y que interactuando con una red DLT, permite a sus usuarios enviar y recibir criptomonedas o tokens, así como monitorear los balances de dichos activos”.

El concepto DLT (Distributed Ledger Technology por sus siglas en inglés), aplica a la tecnología de Libro Contable Distribuido y hace referencia al uso y almacenamiento compartido de información en bases de datos que existen en los múltiples nodos de una red descentralizada, tal como es el caso de la blockchain de Bitcoin. 

¿Billetera o Llavero?

Como se mencionó anteriormente, la wallets no almacenan criptomonedas, sino llaves digitales. Lo anterior puede resultar complejo de comprender puesto que, cuando nosotros vemos nuestras wallets, visualmente vemos un “saldo” de nuestras criptomonedas; sin embargo, es importante aclarar el concepto. 

En criptografía asimétrica existen tres tipos de llaves que permiten gestionar la tenencia total de nuestros haberes cripto: la llave privada, la llave pública y la dirección

La llave privada es un número aleatorio único e irrepetible que nos permite tener la certeza de que nuestros fondos son solo nuestros, debido a la casi nula probabilidad de que exista otra persona en el universo que pueda tener en su poder este mismo número, lo que le concedería la tenencia de las criptomonedas gestionadas por una wallet en específico. 

La llave pública es el resultado de una función matemática que se calcula tomando como origen el valor de la llave privada y que permite la gestión integral de las criptomonedas en diferentes direcciones que pueden ser gestionadas por un mismo usuario. 

Finalmente, la dirección también es el producto de una serie de funciones matemáticas aplicadas sobre la llave publica y que generan como resultado un número expresado en una cadena alfanumérica que podemos compartir públicamente para recibir criptomonedas por parte de otros usuarios.

¿Y dónde están las llaves?

Una de las particularidades de las wallets de criptomonedas, es que realmente nosotros tenemos poco o nula interacción con las llaves (a excepción de la dirección). Las llaves privadas y públicas en raras ocasiones son utilizadas por los usuarios, ya que sólo deben ser empleadas al momento de recuperación del acceso a nuestros fondos en caso de pérdida o daño de los dispositivos móviles, computadoras o laptops que empleamos para el uso de las wallets

Dichas llaves, a pesar de ser efectivamente números, nunca son vistas; en la práctica, se han implementado formas en el manejo de las llaves a través de una serie de palabras (usualmente 12, 18 o 24) y que les permite a los usuarios, una fácil recuperación. Como epílogo, estas palabras de recuperación, son proveídas por el mismo software de la wallet al momento de su creación y configuración inicial.  

¿Y si no tengo las llaves?

De lo antes explicado, es de dónde surgen los conceptos de carteras custodiales y no custodiales. En el primer caso, estamos ante carteras en donde la custodia de los fondos recae en terceros, es decir, las llaves (privadas y públicas) no son proveídas al usuario final, sino que son manejadas por un proveedor de servicio a la mejor manera de un “cripto-banco” o criptoexchanges.

Por otro lado, las carteras no custodiales, que realmente deberían llamarse autocustodiales (self custodials), corresponden a aquellos mecanismos en donde el usuario final es el único responsable y responsable de la tenencia y salvaguarda de las criptomonedas contenidas. Para estas carteras, no existe una vía alternativa de recuperación en el caso de una potencial pérdida de las llaves digitales; sin embargo, es también el usuario el único dueño de sus activos y no existe forma o manera de que los mismos puedan ser arrebatados a excepción de que sea el mismo usuario quien comprometa la información de sus llaves.

Custodios vs. No Custodios

Los mejores ejemplos de mecanismos custodiales corresponden a todas las plataformas de intercambio de criptoactivos, mejor conocidas como cryptoexchanges. En dichas plataformas no se conceden a sus usuarios las llaves digitales, sino que se provee un servicio en donde existe el compromiso de conceder al usuario el acceso a sus fondos siempre y cuando dichas plataformas no sean sometidas a ataques, colapsos (overloads), robos o incluso “desapariciones forzosas”, léase estafas o estratagemas de autorobo.

Para el caso de los mecanismos no custodios, existen múltiples desarrolladores en el ecosistema que proveen una gama amplia de opciones de wallets que van desde mecanismos calientes u “online” en donde tales softwares deben estar en permanente conexión a la Internet para interactuar con los fondos, hasta los mecanismos fríos que permiten el manejo de fondos sin necesidad de conexión alguna con la red de redes, lo que incrementa el performance de seguridad en la gestión activos.

En una próxima entrega hablaremos más a detalle de los mecanismos fríos y calientes y de las diferentes opciones de gestión y resguardo de fondos que podemos encontrar en el dinámico y disruptivo mundo de Bitcoin y el ecosistema de criptoactivos.

Por: Anibal Garrido, socio de CryptoFintech

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