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Derivados financieros: defensa en tiempos de tormenta financiera

Entre los muchos hechos por los que el año 2020 estará desafortunadamente en la memoria de generaciones, se encuentra uno que particularmente podría haber sido catastrófico para México: la caída del precio del petróleo.

2020 será histórico no solo porque el crudo, tan importante para las finanzas públicas de cualquier gobierno mexicano en turno, haya descendido a niveles muy bajos en su cotización; 40 USD, 30 USD, o incluso niveles de 20 USD; cualquiera de los precios anteriores hubiera sido suficientemente grave. El año del “Gran Encierro” será recordado precisamente por que el confinamiento global llevó a algo que parecía solo existir como especulación académica en libros: precios por debajo de 0 dólares. 

Su impacto en México fue fuerte sin duda: los ingresos petroleros de México, situados en poco más de 988 mil millones de dólares en 2020, descendieron a poco más de 605 mil millones en 2020. Sin embargo, no fue catastrófico como podría haberlo justificado la caída del precio del crudo. 

A principios de enero 2020, en el umbral de una crisis que nadie podía predecir en su magnitud y alcance, los medios hacían eco del plan de cobertura petrolera que las autoridades mexicanas habían adquirido para garantizar un precio mínimo del barril de crudo a 49 dólares. El monto pagado por el contrato de derivados se situaba en 20 mil millones de pesos.

En el momento del anuncio, dicha cantidad pudo parecer un gasto tal vez exagerado para algo que se veía como un ingreso relativamente seguro, dado los niveles en los que el crudo había cerrado en diciembre 2019. En perspectiva, el monto constituyó una inversión cuyos efectos rindieron con creces, blindando más del 60% de los ingresos petroleros ante una tormenta sin precedentes en los mercados internacionales.

El 15 de septiembre de este año, el subsecretario de Hacienda, Gabriel Yorio, destacó precisamente a las coberturas petroleras como un logro de la administración de riesgos del gobierno federal, durante el Timbrazo de arranque del 3er Torneo de Derivados “John Hull Award” organizado por Riskmathics, con el apoyo del Mercado Mexicano de Derivados (MexDer); evento destinado precisamente a difundir la cultura de administración de riesgos basada en el uso de derivados financieros.

El plan de cobertura que mencionaba no fue un juego especulativo en los mercados, reactivo a la crisis, lo que permitió al gobierno mexicano blindar la mayor parte de los ingresos petroleros. Hoy vemos que fue una estrategia de prevención y mitigación de riesgos preventiva, fruto de años de experiencia en el uso de estos instrumentos.

No hay nada que un país pueda hacer para impedir que una crisis como la generada por el COVID-19 suceda, pero sí hay mucho que los gobiernos, instituciones, incluso PyMES pueden hacer para prepararse ante dichos eventos inesperados, utilizando las herramientas que los mercados financieros han desarrollado para ello: derivados financieros.

Por: Gerardo R. Herrera es Director de Comunicación de Riskmathics FI

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